Los he visto ya varias veces. Con casi 80 años cada uno de ellos y siempre en la misma mesa, en la misma cristalera y en el mismo espacio público donde desayunan cada mañana, posiblemente desde hace muchos años. Ni ellos sabrán. O si.
Podrían llamarse Mari y Adolfo, por ejemplo. Pero el ejemplo es lo mas importante en esa escena que les robé mientras ellos desayunaban un día mas. En Cádiz, mi Cádiz del alma y un día de mucho frío.
Ella siempre discreta, el con caminar pausado ayuda a su señora con movimientos suaves y lentos mientras ella se limpia la cara donde se acumulaban algunas migajas del pan que se comen cada día. Y así un día y otro. Y otro y otro mas, hasta que la vida les deje jugar con sus amores de niños y sus sueños de vida longeva y afortunada.
Ella siempre se sienta en el mismo lugar. El empieza a desayunar frente a ella y luego, el segundo café, ya se lo toma a su lado, siempre a su ladito.
Me ha enternecido esta imagen que ya he visto varias veces. Temo que un día de estos, cuando vuelva por esos lares no me los encuentre. Ojalá tarde muchos años en que eso suceda.
Pero son un ejemplo en muchas cosas, sobre todo en amor y en adoración. La que ellos se tienen el uno al otro.

