Desde entonces hasta nuestros días ha llovido y mucho. Ya las enfermedades mentales ocupan un gran espacio en la salud de las personas y en los territorios de la sanidad de nuestro país. Han crecido las especialidades, el número de profesionales dedicados a estos campos, los tratamientos, las atenciones personalizadas, los estudios con mas o menos profundidad sobre las enfermedades de la mente y las enfermedades.
Cuando era niño, recuerdo que las personas cuando llegaban a una determinada edad de adultos-viejos, se quedaban en casa, les cuidaban sus hijos (sobre todo hijas) como mejor podían hasta que fallecían y adiós muy buenas. Hoy la cosa no es así, casi nada es igual. Hoy nuestros mayores -lo estoy viviendo de cerca- se les busca alternativas, profesionales que le puedan cuidar y mejorar la calidad de vida de estos en los últimos tiempos de sus vidas al mismo tiempo que se han creado y abierto sedes o Centros de la tercera edad; privadas o concertadas que cuestan un riñón y a cuyos centros, normalmente, no pueden acceder muchos mayores por la falta de recursos económicos.
Está bien que vayamos mejorando y avanzando en materia de los tratamientos, de la ampliación de especialidades y de ofrecerles un final mas digno a nuestros mayores, que es lo mismo que si fuera para nosotros que un día de estos también nos toca. Pero creo que las administraciones deberían caminar un poco mas deprisa, considerando que hoy por hoy para que te aprueben una Ley de Dependencia para un mayor pueden estar esperando a que llegue la resolución cerca de los dos años en nuestras sociedades españolas. Demasiado tiempo. Muchos se nos van sin conocer la puñetera aprobación.
La salud mental nos debe ocupar mas en esta sociedad que dejó de poner trazos a nuestra mente hace tiempo. Y la salud también avanzó, por eso se debe cerrar el círculo antes de que los presidentes de nuestras instituciones también precisen acudir a Centros de la tercera edad.







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