Y siguen queriendo buscar ese cuerpo endeble del poeta mas universal de todos los tiempos mientras que todos sabemos que esos restos no están en ese barranco desde dos días después de que lo acribillaran a balazos. Don Federico pago a dos de sus trabajadores de confianza, se lo llevaron para la Huerta de San Vicente y bajo silencio sepulcral y secreto de por vida, allí están en un lugar ya tan desconocido como los espacios que restan por descubrir en el barranco mas terrorífico de la guerra civil española.
Mientras tanto, un temeroso y acojonado Ruiz Alonso huye de España en los primeros años de la democracia, camino de Las Vegas para vivir junto a una de sus hijas, preocupado por su vida y por su memoria; la de saber que había hecho algo terrible. El denunciante de Federico que dio paso a la ejecución.
Mientras tanto, 90 años después aqui está Federico. En el colectivo de la humanidad, en los callejeros de todos los pueblos de España, en muchos teatros y espacios culturales del mundo, con cientos de ediciones de sus obras en multitud de idiomas traducidos y con el corazón en la boca de artistas, músicos y geniales compositores.
Federico, tal día como hoy y todos los días del año. Lo que podría haber llegado a crear esa cabecita a la que le dieron dos tiros en el puñetero Barranco de Víznar, Pero lo que dejó también es inmenso.

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