
El frío volvió a entrar en tu habitación por la mañana muy temprano, ahí en la casa de todos. Nos cogió desprevenidos y sin esperar un adiós tan pronto y helado. Otra vez el mazazo, cuando aún tenemos tan fresca la marcha de Antonia de nuestro lado.
Pero así lo has querido tu y así lo ha querido ella y ellos... y El. El destino, el destino de cada uno y el presente que nos toca vivir con el dolor de una marcha -otra vez- joven, sin avisar y de pronto.
Se nos queda por el camino un montón de cosas. Pero se te quedan seis hijos que son tus seis soles, una familia que te ha querido y acompañado, unos amigos que lo han demostrado otra vez mas en tu despedida, una Guardia Civil que te ha respetado y a la que has querido, un pueblo -nuestro pueblo- que te ha dado un beso enorme de despedida y miles de anécdotas que contar a nuestros nietos, si alguna vez los tenemos...
Las flores aún suenan a frescas sobre tu reposo temporal y no nos acostumbramos a la dimensión de una marcha que hiela el corazón mas helado. Y, seguro, tu ya respiras la serenidad de tu nuevo destino desde el que protegerás, estoy seguro, los soles que han brillado a tu vera todos estos años.
Un beso, Papi. Estuvimos a tu lado. Y a nuestro lado te queremos en nuestra existencia.











