Desde hace muchos, muchos años, el trono de Nuestra Señora de las Angustias lleva en su manto de flores cada Miércoles Santo y cada Viernes de Pasión una rosa. Una solitaria rosa.
Una rosa de terciopelo que, quienes se la pusieron desde aquellos años de juventud, saben muy bien lo que significa. Yo también se lo que significa. Y para todos y cada uno de los hermanos y hermanas de la Cofradía tiene su propio significado intimo y personal que guarda para si y que recuerda con lealtad y amor cada Miércoles, cuando se pone poco antes de la salida de la Virgen desde La Capilla el sentido de esos pétalos de amor y de ternura.
Es una pequeña tradición de casa Semana Santa que nos emocionada cada año y que guardamos como uno de esos pequeños detalles que conforman la vida de un cofrade.
Porque Ella volverá a estar por nuestras calles. Rogando por quienes este año han perdido enseres o bienes con las lluvias que no siempre son benditas. Ella volverá a estar por los enfermos, los desprotegidos, los dolientes, los huérfanos de amor y de corazón.
La Señora, nuestra titular de cada año, se asomará de nuevo al dintel de La Capilla con milímetros de sudor de los hermanos costaleros que yo me honré acompañar por mas de 20 años, hasta que la salud me negó el varal.
Nuestra Señora nos mirará fijo a los ojos, como siempre, buscando el perdón, reclamando el amor de nuestros labios y acompañándola en silencio, en la esquina de cualquiera de nuestras calles por un año mas.
Esta bendita tradición y fe de tantos años, con tantos hermanos que hemos convivido, con algunos hermanos que se nos fueron y nuestra familia acompañándonos desde sus atentas miradas, será la devoción de una vida, el amor de un ser humano y el respeto y la fe de un pobre pecador que sigue desde niño a Nuestra Señora
de las Angustias. Bendita tu entre tu las mujeres, bendito seas por siempre, Madre. Bendita Angustias.

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