Mi bisabuelo venía de tierras de Zamora. Emigró a este sur bendito a finales del siglo XIX y fue un técnico destacado de la terminal de la autoridad portuaria que existía en Puente Mayorga. Mi bisabuelo perdió las raíces de su tierra, su gentes y su paisaje y se creó uno nuevo a la orilla del mar en Puente Mayorga..
Con el paso de los años, mis tías Isabel y Mercedes se fueron muy lejos, emigraron a tierras francesas y después de algunos años emigraron a tierras vascas, donde hicieron familia y vida hasta nuestros días.
Luego mis hermanas y mi hija. Todas a tierras de Gales, donde aprendieron un nuevo idioma, unas nuevas costumbres y una nueva familia. La familia de Abuela Isabel y sus descendientes abrieron fronteras por medio mundo hasta nuestros días...
Y ahora, una ley de regularización quiere dignificar a los buenos emigrantes que tenemos en nuestra tierra, a la gente que le falta un papel para poder dormir mas tranquilos, que necesitan tener un trabajo para una cotización y pagar impuestos como todos para sostener nuestro país. Ahora, llega el momento de querer normalizar una situación que hicieron ya antes presidentes del gobierno de uno y otro color, de uno y otro partido. Y me alegro. Me alegré.
Esto, además de dignificar a los interesados, además de hacer mas grandes nuestro país y nuestra sociedad, nos hace mejores como personas y como vecinos de gente que está aqui porque quiere, porque lo necesita y porque lo desean.
Me pongo en el lugar de la historia de los que apoyan a los nuevos convecinos regulados, los que no tienen antecedentes penales y que son la inmensa mayoría. Del lado de los que conviven en mi bloque de piso y al lado de los que mañana, es posible, se pueden enamorar de un miembro de nuestra familia. Y estaré con ellos. Y seguro que Abuela Isabel sonríe también.

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